Vinos artesanales: motivos para probarlos

Una bebida que ha trascendido en la evolución de la humanidad tuvo un origen humilde: La artesanía. El vino, como hoy lo conocemos, surgió de un proceso de experimentación que inició en Mesopotamia en la edad de bronce del mundo.
Accidentalmente se dejó fermentar un zumo de uva, pero desde que el mundo tiene memoria, la producción consciente del vino es una reliquia, que ha prevalecido ante la competencia de bebidas tan finas como el whisky.
Los vinos artesanales representan una cultura vitivinícola contenida en una botella, donde el arraigo de su vid y las características de su tierra, le dan un sello distintivo. Darle valor a un vino artesanal es igual de necesario que probar todos los vinos “industrializados”, ya que el vino-de cualquier clase- es una bebida viva cambiante y sensible al contexto ambiental y cultural.
El morapio se asocia a la cultura de beber y comer, como una tradición de estatus y buenos hábitos. En un país productor y consumidor de vino se evidencia la curiosidad innata, que va precedida por la fama y calidad del mosto; también se integran los placeres de la buena mesa
Las características de esta bebida en general, están en sintonía con la evolución del gusto, es por esto que los vinos hechos de forma artesanal pueden ser un complemento ideal en diversos eventos socioculturales, ya que la experiencia en el hogar se reduce a reuniones puntuales.
El consumidor tradicional de vino es un clásico investigador del mosto, y este tipo de consumidor se interesa mucho más por conocer la procedencia del vino, a diferencia de los entendedores, quienes buscan una interacción gustativos con diferentes vinos, y los outdoors ,los catadores de vino fuera de casa.
Las bodegas artesanales buscan un lugar para promocionar sus productos, dejar de ser un hobby o un pequeño emprendimiento. De esta forma, se promocionará productos más elaborados y hechos con simbólicos ingredientes de la localidad.
La provincia de Córdoba ha sido un buen ejemplo de cultivo y producción artesanal, donde la demanda es creciente, según declaraciones de Tristán Balaguer, vocero de la Asociación de Elaboradores de Vinos Artesanales.
El surgimiento de los vinos artesanales se debe a la necesidad de innovar en un mercado de pocas ofertas. Tal es el caso de Bolivia, donde decidieron impulsar su producción interna de lo “hecho en casa” en un festival Bolivino.
El objetivo es comercializar estos productos caseros provenientes de las bodegas de Tarija, de los Valles cruceños y del Valle de Cinti de Chuquisaca, para contrastar sus sabores con aquellos vinos de alta producción y distribución global.
Por último, en Honduras- otro país de incipiente producción vinícola- ha patrocinado emprendimientos como el que se generó en Ocotepeque, donde Oxfam internacional – organización internacional de lucha contra la hambruna- y el departamento de desarrollo Étnico de este país financiaron un proyecto de vinos a base de frutas denominada Flor de Manzana.

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